Carrera contra reloj: Cronogramas más cortos mejoran las predicciones de la gripe

Del Laboratorio Bedford, Departamento de Vacunas y Enfermedades Infecciosas

Cada otoño, millones de personas se arremangan la camisa para recibir la vacuna estacional contra la gripe, y muchas se preguntan por qué se repite este ritual año tras año. El motivo no es una memoria inmunitaria de corta duración, sino un virus que cambia constantemente, transformándose (especialmente su proteína de superficie, la hemaglutinina) lo suficiente como para mantenerse por delante de nuestras defensas. Dado que las cepas de la vacuna deben seleccionarse con meses de anticipación, la comunidad científica recurre cada vez más a modelos de pronóstico evolutivo que utilizan datos genéticos víricos para predecir qué variantes de influenza tienen más probabilidades de imponerse a continuación.

Al igual que para la comunidad meteorológica puede ser complicado predecir qué día lloverá la próxima semana, los modelos de pronóstico de evolución vírica mantienen un delicado equilibrio entre anticiparse lo suficiente como para que la predicción sea útil y hacerlo con la precisión necesaria para que sea confiable. En el caso de la gripe, en lugar de intentar hacer un pronóstico más allá de dos semanas, como en la meteorología, se busca proyectar hasta un año, que es el tiempo necesario para seleccionar las cepas de la vacuna. Pero cuanto más lejos se proyecta, más difícil es acertar. A esto se suma otra dificultad: la rapidez con que se comparten los datos de secuenciación viral. Los retrasos implican que los modelos trabajen con información ligeramente desactualizada, lo que complica aún más las predicciones.

Un estudio reciente publicado en eLife por el laboratorio Bedford aborda estos desafíos evaluando de forma sistemática cómo cambia la precisión de las predicciones cuando los pronósticos se realizan más cerca de la temporada de gripe y cuando los datos del genoma vírico se comparten más rápidamente. Utilizando datos genéticos de la influenza, quienes realizaron el estudio simularon pronósticos basados en las cepas que circulaban en el momento en que se habría hecho cada predicción y luego compararon esas predicciones con lo que realmente sucedió meses después.

Dirigido por el científico de planta, el Dr. John Huddleston, el estudio constató que pronosticar más cerca de la temporada de gripe acercaba mucho más los modelos a los cambios víricos reales, y que el intercambio más rápido de datos era fundamental al realizar estos pronósticos a corto plazo. Como señala Huddleston, estos resultados plantean nuevas preguntas sobre las consecuencias geográficas, como “en qué partes del mundo una mayor rapidez [en la secuenciación vírica] mejoraría más nuestras estimaciones de las poblaciones globales de influenza”, y si ampliar la capacidad de secuenciación en regiones clave podría tener repercusiones desproporcionadas.

Los modelos de pronóstico están diseñados para predecir qué grupos víricos actuales crecerán o disminuirán en la población. Estas predicciones dependen de saber cuán frecuente es cada grupo en el punto de partida, y esta frecuencia resulta ser sorprendentemente sensible a los retrasos en el intercambio de datos. El laboratorio Bedford descubrió que cuando las secuencias víricas se envían con meses de demora, los grupos de rápido crecimiento tienden a subestimarse, a veces por un amplio margen. Reducir esos retrasos de aproximadamente tres meses a un mes redujo significativamente este sesgo e hizo que las estimaciones de frecuencia fueran más fiables. En otras palabras, un intercambio de datos más rápido no solo mejora los pronósticos a largo plazo, sino que perfecciona el panorama inicial del virus sobre el cual se construyen todas las predicciones.

Un diagrama de violín que muestra que los errores de pronóstico de la influenza aumentan con horizontes de predicción más largos, mientras que el intercambio de datos más rápido mejora ligeramente la precisión, especialmente en plazos más cortos.
Las predicciones sobre cómo evolucionará la influenza son más confiables cuanto más cerca se realicen de la temporada de gripe. Nuevas investigaciones muestran que acortar la ventana de predicción tiene efectos mucho mayores en la precisión que acelerar el intercambio de datos por sí solo, aunque una vigilancia más rápida sigue siendo beneficiosa cuando los pronósticos se realizan más cerca del tiempo real.

Los pronósticos también mejoran cuando no se intenta una proyección tan lejana en el futuro. El laboratorio Bedford demostró que acortar la ventana de predicción —de un año a seis meses o incluso tres— hizo que los pronósticos fueran más precisos y fiables. Los errores se redujeron, especialmente en los grupos víricos más grandes, y los desvíos extremos se volvieron mucho menos frecuentes. En cambio, simplemente acelerar el intercambio de datos tuvo un efecto menor por sí solo. Las mayores mejoras provinieron de predecir más cerca de la temporada de gripe, cuando el virus ha tenido menos tiempo para cambiar.

Cuando el equipo del estudio analizó qué mejoras son factibles en la actualidad, una destacó claramente. Un desarrollo más rápido de vacunas —posible gracias a las plataformas de ARNm— podría reducir la ventana de predicción a la mitad, de 12 meses a seis, y reducir los errores acumulativos de los pronósticos en más del 50 %. La vigilancia genómica más rápida resultó más eficaz cuando se combinó con este cronograma más corto, pero ofreció ventajas limitadas por sí sola en horizontes de pronóstico más largos.

De cara al futuro, Huddleston afirma que el equipo tiene previsto probar enfoques de pronóstico más recientes que “usen todos los datos de secuenciación disponibles, elaboren pronósticos separados para diferentes regiones geográficas y tengan en cuenta explícitamente la incertidumbre y la disponibilidad diferida de los datos”. En conjunto, estos resultados apuntan a una conclusión clara: la manera más eficaz de mejorar los pronósticos de influenza es acortar el tiempo entre la predicción y la vacunación, mientras que el intercambio más rápido de datos se vuelve cada vez más valioso a medida que los pronósticos se aproximan al tiempo real.


Esta investigación destacada recibió financiamiento de los Institutos Nacionales de la Salud y el Instituto Médico Howard Hughes.

Huddleston J., Bedford T. 2025. Timely vaccine strain selection and genomic surveillance improve evolutionary forecast accuracy of seasonal influenza A/H3N2. eLife. DOI: 10.7554/eLife.104282.

Jenny Waters (ella)

Jenny Waters, redactora de Science Spotlight, es investigadora postdoctoral del laboratorio Hsieh de Fred Hutch. Investiga cómo la traducción del ARNm coordina la transformación y metástasis del cáncer de vejiga mediante la regulación postranscripcional de la expresión de proteínas oncogénicas. Fuera del laboratorio, a Jenny le gusta convivir con sus perros, convencer a su esposo de que la acompañe a correr en las montañas y fingir que cada loma empinada es sólo una “leve inclinación”.