Hay pocas cosas más aterradoras para un padre o una madre como escuchar que su hijo tiene un tumor cerebral. Palabras como “meduloblastoma” y “ependimoma” ya son abrumadoras por sí solas. Pero para algunas familias, el diagnóstico se vuelve aún más desalentador si va seguido de las tres letras: NOS (las siglas en inglés de “sin especificación”).
El meduloblastoma y el ependimoma se encuentran entre los tumores cerebrales pediátricos más frecuentes. Sin embargo, no son enfermedades únicas. Estos diagnósticos abarcan múltiples subtipos asociados con diferencias en cómo se comporta un tumor, cómo responde al tratamiento y qué probabilidades tiene un niño de sobrevivir. Los tumores que se catalogan como “NOS” no encajan completamente en ninguno de los subtipos conocidos. Para las familias, esta ambigüedad puede determinar las decisiones sobre el tratamiento y dejarlas sin respuestas claras sobre lo que les espera.
La clasificación precisa de los cánceres infantiles es todo un desafío, y los tumores cerebrales son particularmente propensos a ser diagnosticados erróneamente. Los tumores pediátricos tienden a estar poco diferenciados. Bajo el microscopio, carecen de las características distintivas en las que se basan los equipos de patología cuando utilizan métodos diagnósticos tradicionales. Para aumentar el desafío, los tumores pediátricos tienden a presentar patrones más flexibles de actividad génica que los cánceres en personas adultas. Los subtipos conocidos —a menudo definidos por un único biomarcador molecular, mutación o característica celular— pueden albergar una gran diversidad bajo la superficie.
Para caracterizar los tumores con mayor precisión, los equipos médicos y de investigación necesitan una comprensión más profunda de su biología subyacente.
La secuenciación del ARN (RNA-seq) es una potente técnica que captura una instantánea molecular completa de un tumor. Al medir cuáles son los genes que están activos en una muestra —y en qué medida lo están—, los equipos de investigación pueden identificar biomarcadores de enfermedades, vías oncogénicas y posibles dianas terapéuticas. Los datos de la secuenciación del ARN revelan conexiones biológicamente significativas inesperadas, que solo emergen al examinar el panorama molecular completo.
La aplicación más potente de la secuenciación del ARN en el cáncer es la clasificación molecular. Los patrones de expresión génica por sí solos pueden distinguir diversos tipos de tumores con una precisión notable y conllevan profundas consecuencias pronósticas. Dada su gran diversidad molecular y los desafíos que plantean para los métodos de diagnóstico tradicionales, los tumores cerebrales pediátricos pueden beneficiarse enormemente de que la secuenciación del ARN pase de ser una herramienta de investigación a un estándar clínico.
Un volumen masivo de datos de secuenciación del ARN, con perfiles de expresión de miles de genes en miles de muestras de tumores cerebrales, está disponible públicamente. El desafío radica en darle sentido a esta montaña de información, integrándola, organizándola y visualizándola de formas que los equipos investigadores y médicos puedan interpretarla de manera significativa.
Este desafío es parte esencial del trabajo liderado por el equipo de investigación del Laboratorio Holland del Departamento de Biología Humana, que se enfoca en hacer visible la biología oculta de los tumores cerebrales.