Trazado de las vías neurales que vinculan el olfato con el apetito

Del Laboratorio Buck, Departamento de Ciencias Básicas

Me encanta el coco. Me encanta su dulce sabor avellanado en todo, desde los dulces y los pasteles hasta las bebidas refrescantes y los sabrosos curris. Pero una vez, mientras cocinaba un curri para la cena, abrí una lata de leche de coco en mal estado y se me quitó el apetito de inmediato.  No había nada extraño en su aspecto visual ni en su textura, pero el olor era espantoso.  Así que tiré la lata a la basura —fuera de mi casa— y no cené esa noche.

Las investigaciones han demostrado que nuestro sentido del olfato tiene un gran efecto sobre nuestro apetito. Lo sabemos por experiencia propia: sentimos hambre cuando entramos a una panadería que huele a pan recién horneado y perdemos el apetito cuando pasamos junto a un contenedor de basura con mal olor. Sin embargo, aún no se comprende del todo la neurociencia que explica cómo se vincula el olfato al apetito.

El proceso de percibir olores se conoce como olfacción. Las células de la cavidad nasal detectan los olores presentes en el aire que respiramos y luego transmiten esa información a través del bulbo olfatorio hacia la corteza olfatoria. A su vez, la corteza olfatoria envía señales a las neuronas del cerebro que controlan nuestra percepción consciente del olfato.

En el cerebro, dos tipos de neuronas —ubicadas en el núcleo arqueado de la región del hipotálamo— son las encargadas principales de controlar el apetito. Las neuronas del péptido relacionado con el agutí (AgRP) estimulan el apetito, mientras que las neuronas de la proopiomelanocortina (POMC) lo reprimen.  Estudios previos han demostrado que el olor y la apariencia de los alimentos influyen tanto en la actividad de las neuronas AgRP como en la de las POMC. Sin embargo, la vía neural que conecta la corteza olfatoria con estas neuronas del apetito aún no ha sido definida.

En un estudio publicado recientemente en la revista PNAS, el equipo de investigación del laboratorio de la Dra. Linda Buck del Departamento de Ciencias Básicas investigó esta vía con la ayuda de un virus que viaja de forma retrógrada a través de las sinapsis neuronales. Se introdujo el virus en neuronas AgRP o POMC de ratones, y se rastreó durante cuatro días hacia dónde se propagaba en el cerebro. Trabajando en sentido retrógrado, el equipo trazó las conexiones neurales entre la corteza olfatoria y los dos tipos de neuronas del apetito.

Ilustración de un ser humano con el cerebro iluminado, oliendo una porción de pizza.
El olfato tiene una fuerte influencia en el apetito, aunque su mecanismo aún no se conoce bien. Imagen creada por A. P. por medio de Biorender. Imagen creada por AP utilizando BioRender.

Los resultados mostraron que la comunicación celular entre la corteza olfatoria y las neuronas del apetito es indirecta, con señales que viajan a través de neuronas ubicadas en otras áreas del cerebro antes de llegar al núcleo arqueado, y que las vías previas a las neuronas AgRP y POMC son diferentes. Estas vías se originan en regiones parcialmente superpuestas, pero distintas, dentro de la corteza olfatoria; lo que hace pensar que las neuronas AgRP y POMC reciben cada una información específica y diferenciada.

La autora principal del estudio, la Dra. Dawn Kuang, explicó: “estos hallazgos plantean nuevos interrogantes sobre cómo las diferentes regiones corticales olfatorias contribuyen a la regulación del apetito y si transmiten distintos tipos de información sensorial —como atracción o aversión— a las neuronas que lo controlan. Queremos saber si los olores de alimentos apetitosos activan de manera preferencial las áreas corticales olfatorias que proyectan hacia AgRP, mientras que los olores desagradables o saciantes activan las áreas que proyectan hacia POMC”.

Los resultados también revelaron que el complejo amigdalino vomeronasal —una región del cerebro que transmite señales procedentes de las indicaciones sociales detectadas— envía señales a las neuronas del apetito. Sorprendentemente, estas señales son más directamente anteriores que las que comunican estímulos olfativos a través de la corteza olfatoria. Este hallazgo inesperado plantea interrogantes sobre el papel que podrían desempeñar los estímulos sociales —como las feromonas o los olores de depredadores— en el apetito y la conducta alimentaria. 

“Las investigaciones futuras tendrán el objetivo de definir las tareas específicas de las regiones cerebrales previas y las poblaciones neuronales en la regulación del apetito mediante señales olfatorias y sociales”, indicó la Dra. Kuang.  “Al diseccionar estos circuitos y vías moleculares con mayor detalle, este trabajo también podría ayudar a identificar nuevas dianas terapéuticas para los trastornos del apetito y el metabolismo”.


El Dr. Manu Setty y la Dra. Linda Buck —integrantes del Consorcio Oncológico de Fred Hutch, la Universidad de Washington y el hospital Seattle Children's— contribuyeron con esta investigación.

Esta investigación destacada recibió financiamiento del Instituto Médico Howard Hughes, los Institutos Nacionales de la Salud y el Millen Literary Trust.

Kuang D., Hanchate N. K., Lee C-Y, Heck A., Ye X., Erdenebileg M., Mehta C., Hassan M. M., Setty M., Buck L. B. 2026. Olfactory inputs to appetite neurons in the hypothalamus. PNAS. doi: 10.1073/pnas.2524926123

Ashley Person (ella)

Ashley Person, redactora de Science Spotlight, es doctoranda del laboratorio Cohn, en la División de Vacunas y Enfermedades Infecciosas de Fred Hutch. Investiga cómo las células infectadas por el VIH se aferran a lo largo del tiempo en personas que viven con VIH y que están en tratamiento a largo plazo.