El verano que tardó 12 años en dar frutos

Del grupo de investigación Simon, Departamento de Ciencias de la Salud Pública

El verano entre el tercer y el cuarto año es cuando estudiantes de ciencias deciden, muchas veces sin darse cuenta, si una carrera en investigación sigue siendo una opción para su futuro. Las postulaciones para posgrado se abren en otoño, los exámenes de admisión deben programarse con meses de anticipación, y las cartas de recomendación deben ser escritas por docentes que conozcan suficientemente bien a la persona postulante como para poder escribir una recomendación específica. Si lo anterior no se ha puesto en marcha al llegar a septiembre, por lo general, la decisión se considera tomada por defecto.

Durante dicho verano incrementa el abandono de la trayectoria biomédica por parte del alumnado a nivel nacional, y este abandono sucede de manera desigual. Más del 30 % de la población de EE. UU. se identifica como perteneciente a minorías étnicas o raciales, mientras que, en el sector laboral de la biomedicina, la cifra baja a alrededor del 11 %. Esta brecha no ha logrado cerrarse a pesar de cuatro décadas de iniciativa a nivel nacional.

En un estudio de 2025 publicado en International Journal of Research in Education and Science [Revista Internacional de Investigación en Educación y Ciencia], se dio seguimiento a seis cohortes de pasantes de verano de Fred Hutch por un término de 12 años después de finalizadas sus pasantías. La cantidad de egresados del Programa de Investigación de Verano para Estudiantes de Pregrado (SURP, por sus siglas en inglés) que ingresó a programas de posgrado y de medicina fue cerca del doble de la cifra nacional de 43 %, y el alumnado a quien está dirigido el programa lo hizo en la misma proporción, aunque necesitó más tiempo para conseguirlo.

El SURP se ha llevado a cabo desde 1995 y recibe entre 300 y 400 solicitudes al año para aproximadamente 25 a 30 cupos. El equipo de selección asiste a las reuniones anuales de la Sociedad para el Avance de Chicanos, Hispanos e Indígenas Estadounidenses en las Ciencias, la Conferencia Anual de Investigación Biomédica para la Comunidad Científica Minorizada (ABRCMS por sus siglas en inglés), y la American Indian Science and Engineering Society [Sociedad de Indígenas Estadounidenses de Ciencia e Ingeniería] y envía material a universidades con raíces afroamericanas y a otras instituciones para estudiantes con poca representación, dando prioridad a solicitantes que aún no hayan realizado investigaciones en una institución de prestigio.

Durante el programa de nueve semanas, el grupo de pasantes se asigna a un laboratorio de Fred Hutch, de acuerdo con sus intereses individuales, y antes de recibir una oferta, lo cual probablemente explica que más del 90 % de las personas admitidas acepten. Cada pasante cuenta con un mentor diario y un investigador o investigadora principal para brindarle orientación científica y profesional, un taller semanal de desarrollo profesional, y seminarios en los que el cuerpo de ponentes habla sobre su trabajo científico y sus decisiones profesionales. El programa culmina con una presentación competitiva de pósteres. Desde el año 2009, se ha dado seguimiento a quienes participan durante siete años mediante encuestas anuales y búsquedas en LinkedIn que extendieron el seguimiento hasta 12 años para la primera cohorte.

Título más alto obtenido según condición de URM (seguimiento de 12 años). La gráfica muestra que no hubo diferencia en la obtención de títulos de posgrado entre estudiantes de URM y estudiantes no pertenecientes a URM.

A los siete años, se seguía observando el mismo patrón a nivel nacional. De la comunidad estudiantil proveniente de grupos raciales y étnicos subrepresentados en el sector laboral de la biomedicina, denominados en el estudio como pasantes de minorías subrepresentadas (URM, por sus siglas en inglés), solo el 44.9 % había obtenido un título de posgrado, en contraste con el 55.4 % de estudiantes no pertenecientes a URM.

Por consiguiente, el equipo de investigación extendió el periodo de seguimiento, que abarcaría siete años para la cohorte de 2016 y doce años para la cohorte de 2011, y se observó que la brecha había desaparecido: entre las personas egresadas que no eran pertenecientes a URM, la obtención de títulos de posgrado alcanzó el 78.8 %, mientras que en los grupos minoritarios llegó al 80.8 %. Del grupo completo, las personas que habían obtenido un título más reciente (155 de 163, o el 95 %), el 27.8 % contaba con un título de doctorado o medicina, o una doble titulación.

“Durante décadas, la comunidad estudiantil de minorías subrepresentadas (URM) ha tenido menos probabilidades que la comunidad estudiantil que no pertenece a estas minorías de alcanzar una educación superior”, comentó Beti Thompson, una de las autoras del estudio.

“Una de las razones para crear el SURP fue mitigar dicha disparidad. Este estudio pone en evidencia que el alumnado de URM, formado en un entorno intensivo de investigación, alcanza logros educativos similares a los del alumnado que no pertenece a URM.”

La brecha de siete años resultó ser una diferencia de ritmo, más que de resultado, ya que los años sabáticos y los programas posteriores al pregrado postergan la meta final, y los títulos de doctorado, de medicina y de doble titulación requieren de seis a ocho años de estudio. Así pues, en un análisis de solo siete años de seguimiento, se habría observado una disparidad, ya que los datos aún estaban por consolidarse.

Es preciso mencionar otros dos factores: el primero, la autoeficacia al ingresar al programa, que resultó idéntica para ambos grupos, con un puntaje de 4.8 de 5. El segundo factor contempla que las personas pasantes de URM calificaron la motivación ofrecida por sus investigadores principales ligeramente más alto que las personas pasantes que no pertenecen a URM. Esta pequeña diferencia que el equipo de autores analiza, considera estudios que muestran que la comunidad estudiantil de URM cuenta con menos apoyo social, lo que puede causar que la atención del cuerpo docente tenga un mayor impacto.

“Esta labor destaca la importancia de las experiencias inmersivas de investigación de verano que priorizan el apoyo a personas con trasfondos históricamente marginados de las ciencias”, dijo la coautora Marilyn Drennan. “Estos hallazgos sugieren que el desarrollo profesional estructurado, la mentoría y el apoyo continuo pueden fortalecer al sector laboral biomédico al reducir las disparidades en el nivel de estudios. Un fondo sostenido para programas como el SURP es fundamental, especialmente en el entorno actual de financiamiento y política.”

Drennan también señaló las siguientes etapas a seguir, como los resultados profesionales más allá del título, la permanencia en la investigación biomédica, los puestos de liderazgo y la productividad investigativa, aunados a grupos de comparación que permitan que un programa como este demuestre su valor en vez de meramente deducirlo. En resumen, el equipo de autores concluyó que el programa funciona.


El doctor Julian Simon y la doctora Allison Meisner, integrantes del Consorcio Oncológico de Fred Hutch, la Universidad de Washington y el hospital Seattle Children's, contribuyeron a esta investigación.

Simon, J., Drennan, M., Meisner, A., Shippen, M., & Thompson, B. (2025). Improving the biomedical pipeline: Long-term outcomes of an undergraduate internship. International Journal of Research in Education and Science (IJRES) , 11(4), 794-809.

Darya Moosavi, PhD (ella)

La escritora de Science Spotlight, Darya Moosavi, es investigadora postdoctoral del grupo de investigación de Johanna Lampe en Fred Hutch. Darya estudia las sutiles conexiones entre la dieta, el epitelio intestinal y el microbioma intestinal en relación con el cáncer colorrectal utilizando métodos de alta dimensionalidad.