A los siete años, se seguía observando el mismo patrón a nivel nacional. De la comunidad estudiantil proveniente de grupos raciales y étnicos subrepresentados en el sector laboral de la biomedicina, denominados en el estudio como pasantes de minorías subrepresentadas (URM, por sus siglas en inglés), solo el 44.9 % había obtenido un título de posgrado, en contraste con el 55.4 % de estudiantes no pertenecientes a URM.
Por consiguiente, el equipo de investigación extendió el periodo de seguimiento, que abarcaría siete años para la cohorte de 2016 y doce años para la cohorte de 2011, y se observó que la brecha había desaparecido: entre las personas egresadas que no eran pertenecientes a URM, la obtención de títulos de posgrado alcanzó el 78.8 %, mientras que en los grupos minoritarios llegó al 80.8 %. Del grupo completo, las personas que habían obtenido un título más reciente (155 de 163, o el 95 %), el 27.8 % contaba con un título de doctorado o medicina, o una doble titulación.
“Durante décadas, la comunidad estudiantil de minorías subrepresentadas (URM) ha tenido menos probabilidades que la comunidad estudiantil que no pertenece a estas minorías de alcanzar una educación superior”, comentó Beti Thompson, una de las autoras del estudio.
“Una de las razones para crear el SURP fue mitigar dicha disparidad. Este estudio pone en evidencia que el alumnado de URM, formado en un entorno intensivo de investigación, alcanza logros educativos similares a los del alumnado que no pertenece a URM.”
La brecha de siete años resultó ser una diferencia de ritmo, más que de resultado, ya que los años sabáticos y los programas posteriores al pregrado postergan la meta final, y los títulos de doctorado, de medicina y de doble titulación requieren de seis a ocho años de estudio. Así pues, en un análisis de solo siete años de seguimiento, se habría observado una disparidad, ya que los datos aún estaban por consolidarse.
Es preciso mencionar otros dos factores: el primero, la autoeficacia al ingresar al programa, que resultó idéntica para ambos grupos, con un puntaje de 4.8 de 5. El segundo factor contempla que las personas pasantes de URM calificaron la motivación ofrecida por sus investigadores principales ligeramente más alto que las personas pasantes que no pertenecen a URM. Esta pequeña diferencia que el equipo de autores analiza, considera estudios que muestran que la comunidad estudiantil de URM cuenta con menos apoyo social, lo que puede causar que la atención del cuerpo docente tenga un mayor impacto.
“Esta labor destaca la importancia de las experiencias inmersivas de investigación de verano que priorizan el apoyo a personas con trasfondos históricamente marginados de las ciencias”, dijo la coautora Marilyn Drennan. “Estos hallazgos sugieren que el desarrollo profesional estructurado, la mentoría y el apoyo continuo pueden fortalecer al sector laboral biomédico al reducir las disparidades en el nivel de estudios. Un fondo sostenido para programas como el SURP es fundamental, especialmente en el entorno actual de financiamiento y política.”
Drennan también señaló las siguientes etapas a seguir, como los resultados profesionales más allá del título, la permanencia en la investigación biomédica, los puestos de liderazgo y la productividad investigativa, aunados a grupos de comparación que permitan que un programa como este demuestre su valor en vez de meramente deducirlo. En resumen, el equipo de autores concluyó que el programa funciona.